You are viewing [info]istishia's journal

Mar. 11th, 2011

  • 10:44 PM
Se suele decir que es imposible echar de menos algo que nunca se ha tenido. Que no puedes añorar lo que nunca ha sido tuyo, que no se puede echar en falta algo que nunca te ha pertenecido.

Yo digo que es mentira.

Echo de menos el tener a alguien a mi lado. Echo en falta ese abrazo que te llena, esa necesidad cubierta de besar y que te besen, de acurrucarte en el cuello de alguien y sentirte protegida. Echo en falta días de añoranza pensando sólo en ti, echo en falta llamadas telefónicas por el simple hecho de necesitar oir tu voz. Echo en falta la emoción palpitar en unas pupilas, echo en falta una caricia que me haga derretirme viva. Echo de menos un abrazo quedo en días fríos, echo de menos un mensaje de buenos días, echo de menos una sonrisa de "me alegra que llegaras". Echo en falta ser el mundo para alguien, compartir la vida de alguien con la mía y a alguien que quiera compartir la mía con la suya, entrelazarla y hacerla una, aunque no sea por toda la eternidad. Al fin y al cabo, no creo en el amor eterno, aunque sí confío en que existe eso que se llama "amor de mi vida".

Echo en falta tantas cosas que jamás tuve, que incluso, en ocasiones, me hace dudar de si realmente soy feliz o es sólo una fachada para intentar ocultar al mundo la maraña de sentimientos angustiosos que me embargan, la soledad y la necesidad de tenerte conmigo.

Y sí, echo en falta eso que llaman amor. Echo en falta eso que llaman tener una pareja, un novio, alguien especial.

Caminos de estrellas

  • Feb. 8th, 2011 at 5:15 PM
Hoy me cuesta sonreir. De nuevo, las lágrimas han vuelto a brotar de mis ojos, y el dolor que acostumbra a mortificarme ya se ha vuelto a instalar en mi estómago. Las cosas buenas duran poco, las malas parece que siempre vuelven a por más, que nunca se sacian, que siempre hay ganas.

No me preocupa. Sé que en un tiempo volveré a sonreír. Un tiempo que perfectamente pueden ser cinco minutos. Estoy bien, soy fuerte, sé sobreponerme, al contrario de lo que piensan todos. Porque lloro con demasiada facilidad y me tropiezo cada dos por tres: pero me limpio las mejillas con el dorso de la mano y sé sacar una sonrisa hasta por la cosa más nimia. Y me levanto, aunque me cueste y acabe llena de heridas, me levanto. una y otra vez, una y otra vez.

No sé si lloro por el dolor o por el tiempo. O a lo mejor, por la nada. Por un final que se venía augurando desde hacía mucho tiempo ya, desde el primer adiós. Un final al que me resistía, al que cerraba la puerta, cuando toda yo sabía que debía echarlo a patadas de mi vida. Porque, simplemente, no estoy para juegos. No estoy para ti.

Y no intento evitarte. Sabes que nunca lo hago. Pero cada vez que te escucho, o a veces que te intuyo, no puedo dejar de llorar. Por eso, y por tu fría indiferencia disfrazada de soledad, ahora soy yo la que te dice adiós.

Y puede que tú aún no sepas, pero yo hace mucho tiempo que aprendí a trazar mi camino de estrellas.

Romántica

  • Feb. 1st, 2011 at 7:55 PM
Navegando entre los indicios de mis apuntes de literatura, me he encontrado con un concepto muy interesante. Durante el s. XIX, uno de los movimientos culturales que se dieron fue el Romanticismo. Entendido ahora como una debilidad de aquél que lo hace todo por amor, con letra deforme y diminuta, escribí:

"Exaltación propia en todos los terrenos. Apasionado en todo lo que hace. No tiene que ver con la debilidad, sino todo lo contrario".

Aunque no por primera vez, estos apuntes me han hecho reflexionar ligeramente. Sobre el sentido de una palabra, y sobre el sentido de mí misma, y de lo que yo quiero ser.  Recuerdo que, cuando en clase, el profesor preguntó si nos gustaban las acciones románticas, por primera vez en toda mi vida, levanté la cabeza y respondí que sí. Y yo misma me soprendí, y más cuando todos, o la gran mayoría, arrugaron la naricilla, negaron con la cabeza y contestaron con un rotundo "no".

Pero para mí... alguien que con mínimos gestos sabe hacerte sonreír; que se preocupa por ti, te cuida, vigila que estés bien. Que sabe qué puede hacerte llorar y aún así prefiera mil veces hacerte reir. Que te soprenda cada día con algo nuevo, que cuide los detalles, que se moleste en tu persona. Que te quiera, y que te lo demuestre con cada mirada, con cada gesto, caricia, cada vez que se marcha, cada vez que se olvida.

Alguien que (volviendo a la definición clásica y verdadera de romántico, esa de mis apuntes) da todo por lo que cree, que lucha hasta cuando es una causa perdida, sólo por el asomo de una promesa de que tal vez haya una oportunidad de ganar. Alguien que no se da por vencido, que va ocntra corriente, que ni el viento puede con él. Alguien firme en sus convicciones, que no se deja arrastrar, que piensa, que siente. Eso, para mí, es admirable.

Yo quiero ser una romántica. Quiero ser fuerte, quiero luchar contra todo lo que se me venga y salir victoriosa. Quiero dejarme la piel y el alma en cada cosa que haga y disfrutarla como si fuera lo último que puedo hacer en esta vida. Quiero aprovechar hasta los últimos segundos de compañía de esa persona, y acostarme cada noche con una sonrisa en los labios sabiendo que he dado todo de mí. Y las veces que me caiga, las veces que me hiera, las veces que necesite recomponerme, no importa. Soy fuerte, soy invencible. Puedo con todo.

Prioridades.

  • Jan. 27th, 2011 at 8:13 AM
En estas horas, cuando se supondría que tendría que estar estudiando a más no poder, aprovechando el poco tiempo que me queda para apurar ese tocho de apuntes que no he tocado hasta hoy, y cuyo examen tengo exactamente en tres horas, aquí me veo. Frente al ordenador por enésima vez durante la mañana, con un dolor de barriga insoportable, no sé si fruto del café o de los nervios, y con la conciencia (i)responsable de mí misma diciéndome que vuelva a los apuntes.

Estudiar, estudiar, estudiar. Parece que últimamente, todo se basa en eso. Estudiar, sacar las asignaturas, aprobar los exámenes. Con cuanta más nota, mejor. ¿Por qué? Buena pregunta. Por el prestigio, por el éxito. Porque se debe hacer. Así de simple y así de fácil.

¿Y si no, qué? Si no apruebo este examen, si no saco esta asignatura, si decido no hacer una carrera universitaria... ¿qué? ¿No tendré futuro? ¿Estaré perdida en las inmensidades del universo por no haber tenido éxito en mi oficio? ¿Estaré condenada al fracaso social y económico porque no he sacado matrícula de honor en todas y cada una de las putas asignaturas que me quedan para terminar la carrera, y las que he dejado atrás?

Ya, claro.

Estoy cansada de que un número se convierta en lo más importante para miles de personas. Estoy cansada de ver caras largas y desmotivaciones por un suspenso, tanto a mi alrededor como cuando miro a un espejo. Estoy cansada de que sea un simple número el que condicione mi vida.

Que quede claro: no sé los demás, pero a mí me gusta estudiar. Y me gusta porque lo encuentro útil, más para enriquecimiento personal que para tener "éxito" en un trabajo. Me gusta estudiar, y encuentro satisfacción en lo que estudio. Sé que parte de mi obligación es sacar la carrera, y procurar que sea año por año: pero conmigo misma tengo otras obligaciones, millones de veces más importantes que un simple numerito que se olvidará con el paso del tiempo, porque no habrá servido para nada.

¿Es que acaso aprobar todas las asignaturas me va devolver a las personas que necesito? ¿Acaso sacar buenísimas notas, las más altas, matrícula de honor, destacar, me va a hacer mejor persona? ¿Va a hacer el que saque un diez en todo que sea una persona más justa, más leal, más feliz, más sana? ¿Tendré todo lo que necesito y lo que quiero si apruebo? ¿Necesito aprobar para ser feliz?

Lo importante, lo esencial de la vida, no se encuentra en una hoja de examen. Que tiene su importancia, no lo niego. Que condiciona mi vida, una mierda. La vida, lo que importa, está más allá de cualquier escuela, de cualquier examen. Mi familia, mi salud, mis amigos, mi felicidad. Valorar las cosas en su justa medida, marcar prioridades, saber qué va por encima y por delante de qué.

Una nota buena, sí, puede merecer una sonrisa, ser motivo de alegría. Una mala nota no merece ni siquiera el sentimiento de decepción. Al final, no importa, nada de eso importa para lo que realmente vale en esta vida. Porque, simplemente, soy mil veces más feliz cuando abrazo a mi madre o cuando mi hermana me arropa, o cuando salgo con mis amigos, o cuando lo veo cada mañana y me sonríe, que cuando tengo la mejor nota en un examen. Y me siento mil veces más desgraciada en cada discusión con significado de adiós entre mis amigos, en cada despedida de la gente que quiero y me importa, en cada decepción amorosa, que cuando veo numeritos rojos en mis notas.

Prioridades, todo es cuestión de prioridades. Para la felicidad, todo es cuestión de prioridad.

Un poco de mí misma

  • Jan. 22nd, 2011 at 10:12 PM
Sigo siendo la misma. Esa chica fuerte, segura, despiadada, que mira por encima del hombro lo que no le gusta, que se deja llevar por las emociones, que no le importa hacer sufrir para salir ganando. Esa chica que no cree en que  las formas de decir las cosas haya que mirarlas cuando se trata de algo malo. Esa chica que, sin darse cuenta, se parece más a un trozo de frío mármol que a lo que realmente es.

También soy esa otra chica. La niña, pequeña e inocente, que se emociona al levantarse, con una mirada, con un beso, con un roce. Esa niña que descubre algo nuevo y maravilloso en lo banal y mundano, esa niña que ha sabido subir montañas y bajarlas rodando. Esa niña que ha acabado con más heridas en sus manos y pies de las que se ha percatado, y que sólo se da cuenta de ellas cuando quedan las cicatrices. Esa niña que parece que no teme a nada, pero que realmente en ocasiones necesita que le den un pequeño empujón para seguir adelante. Esa niña que prefiere que la ayuden a hacer las cosas sola, que prefiere la compañía agradable de la soledad al odio de una persona que detesta. Esa niña que aún hoy no sabe ocultar nada.

Sí, como un libro abierto.

Soy normal. Fría cuando quiero, la persona más amable del mundo en contadas ocasiones. Me gusta sonreír a diario, pero también siento la necesidad de llorar cuando no hay errores. Me gusta enfadarme cuando me enfado, pero odio alterarme demasiado. Soy demasiado apasionada en algunas cosas, demasiado confiada en otras. Te puedo mirar y decirte de todo, sin necesidad de abrir la boca. Soy perfectamente valiente, y también demasiado cobarde. Hago cosas que los demás no hacen, y no me atrevo a hacer cosas que todo el mundo debería hacer. Quiero demasiado rápido, y me cuesta muchísimo olvidarme de alguien, pero jamás me arrepiento de nada. Sí, considero el arrepentimiento una pérdida de tiempo, de serenidad, de nostalgia, de todo. Sé que al menos, siempre he sido fiel a lo que soy o a lo que fui, a como me he sentido y a cómo necesitaba ser, sentirme, decir, pensar.

Soy la persona más simple del mundo, soy consciente de ello. Como también soy consciente de que te quiero, y puede que, en algún futuro no muy lejano, sí que me arrepienta de no habértelo dicho nunca. Pero ya lo he dicho, soy la persona más valientemente cobarde sobre el planeta.

Quizá, la próxima vez, sí que te de ese abrazo.

2010

  • Dec. 31st, 2010 at 3:57 PM
Y dejamos otro año atrás... trescientos sesenta y cinco días, doce meses, nosécuántas horas, minutos y segundos que se desvanecen en una sola noche. Tañido de campanadas, uvas, un brindis. ¡¡Feliz año nuevo!! Cena copiosa tal vez, sonrisas, y luego quizá una cama. En una noche cambian tantas cosas que apenas nos damos cuenta. En un segundo, habrá miles de cosas que no habremos hecho desde el año anterior. Ver a alguien, hablar con cierta persona, acostarte en tu cama, dar un abrazo, cantar, sonreír, jugar, beber un poco de cualquier cosa. Es curioso como un tiempo tan corto (apenas un segundo) se convierte en algo tan lejano como "el año pasado".

Quiero echar la vista atrás... cerrar bien el año. Quedarme con ese buen sabor de boca, sabiendo que se marcha un año vivido más, con toda la intensidad de la que fui capaz, disfrutando a cada momento, incluso los amargos. Un pequeño paseo por este 2010, por todos y cada uno de los trescientos sesenta y cinco días que he vivido, otra vez, de nuevo. Un año plagado de emociones, de sentimientos, de ilusiones... azúcar y vinagre, de todo un poco. Despedidas, reencuentros, lágrimas y sonrisas. Un año perfecto.

Casi siempre escucho eso de que "no hay que mirar atrás". Pero en esta ocasión deseo hacerlo, fervientemente, saber lo que he vivido, cómo me he sentido, y esperar que el año que viene sea como mínimo igual que éste. Porque ha sido maravilloso con todos sus defectos, incluso aquéllos momentos en los que hubiese preferido que no existieran.

Hay muchas despedidas... el catorce de mayo, y cierto día de junio. Esas dos fechas, grabadas a fuego en mi memoria, y las despedidas, en mi corazón. Esas despedidas de las que sabes que, al menos en esta vida, no habrá un reencuentro. Esas despedidas para las que no queda esperanza, no queda un "nos vemos", no queda ilusión. Lo que más ha dolido en todo el tiempo, y de lo que más te acuerdas en estas fechas. De los que faltan, de los que no están, de los que no podrán estar ya más. Esas despedidas que te dejan un agujero en el corazón, que sientes que también algo dentro de ti se ha marchado para siempre. Pero hay que seguir adelante... las personas se van, no se puede hacer nada por evitarlo. Pero su marcha nos ayuda a crecer, a creer. Su marcha, en cierta manera, nos hace más fuertes. Si bien, siempre he preferido ser más débil, y poder conservarlas a mi lado.

Luego hay otras despedidas... de esas que no sabes dónde irán a parar. Quieres olvidarte de todo, borrar lazos imborrables, y lo intentas con todas tus fuerzas. Pero luego la vida da giros y vueltas y no tienes ni puta idea de adónde vas, qué ha ocurrido, y de repente todo ha cambiado, o todo vuelve a ser como era antes. Para esas despedidas, involuntarias o voluntarias, de las que he formado parte, que yo misma he comenzado y he terminado, también va un tiempo.

Pero también hay encuentros. Reencuentos con personas que hacía tiempo que no veías, reencuentros con personas que añorabas, que echabas de menos, que no te esperabas, que te hacen feliz. Ha estado plagado de esos reencuentros; sin ir más lejos, en apenas una semana, he vuelto a ver a personas que hacía casi cuatro años que no veía, a amigos míos a los que quiero con todo mi corazón. Esa clase de reencuentros que te dicen "¿ves? Ha merecido la pena levantarte esta mañana". 

He conocido a muchísimas personas en estos doce meses. Personas que han cambiado mi vida, mi forma de ser, o de sentir, o quizá que me han abierto más puertas de las que yo creía. He re-conocido a muchísimas otras, descubierto nuevas facetas, nuevos sentimientos, nuevas alegrías, y también nuevos pesares. He conocido a personas que no recuerdo, y también a otras que amenazan con convertirse en grandes para mí. Tantos nombres que se me cruzan, que no quiero nombrar, por si acaso uno se me quede atrás. Quizá, dentro de algún tiempo, esos nombres no signifiquen nada: quizá, lo signifiquen todo.

Y tantas, tantas otras cosas que he vivido... momentos de angustia, de alegría, de desenfreno. Momentos que quería tirarme por la borda, momentos en los que desearía fervientemente (otra vez) tirar a alguien. Pero que ahora, desde mi interior, agradezco profundamente. He aprendido, en un año, a quererme como nunca antes lo había hecho; me he descubierto, en mí, y en los demás. He querido, he llorado, y he amado por una mirada. Me he caído, casi me hundo en el fango, y he vuelto a salir, sucia, llena de barro, pero nada que un baile bajo la lluvia no limpie. He cantado, he bailado, he reído, he hecho cosas que no pensaba jamás que haría y otras que no me he parado a pensar en hacer. Cosas que jamás en la vida volvería a hacer, cosas que las haría una y mil veces si me diesen esa oportunidad. He perdido personas, oportunidades, amores; he capturado esas oportunidades que me habían negado, que se me habían escapado de entre los dedos. He visto mariposas al vuelo y he sonreído, y casi he superado ese asco que les tenía; he ido perdiendo poco a poco mi fobia a los cristales, pero aún sigo sin soportar los voladores. He hecho la prueba de sonreír cada mañana, nada más despertarme, y he comprobado que funciona, y que da más energía y vitalidad que cuarenta tazas de café. He querido hasta hacerme daño y no importarme, y me he recompuesto y seguido adelante: y casi estoy a punto de caer de nuevo en esa telaraña por culpa de una mirada, una canción y una sonrisa, y mil palpitaciones por segundo, y mil y una emociones que me escuecen debajo de mi piel; pero poco me importa si así soy feliz. He aprendido que hay que arriesgar, pero que también es bueno saber cuándo tiene una que retirarse. He aprendido a perder y a ganar, y me he cortado el pelo.

Y después... no queda un después. Sólo un ahora, un presente, lo que soy, lo que queda de mí, lo que he crecido. Y las esperanzas de que todo sea al menos tan bueno como éste año que he dejado atrás, los deseos de encontrar algo bueno incluso cuando todo parezca desvanecerse. ¿Y, les soy sincera? Estoy completamente segura de que será así.




















¿Mi propósito de año nuevo?
Levantarme cada día con una sonrisa, y pensar: "¡buenos días, mundo!"

Papel de celofán

  • Dec. 2nd, 2010 at 3:41 PM
Porque a todos nos gusta ver la vida de otro color.

Rojo, azul, verde, qué importaba. Lo importante era cubrirse los ojos y mirar, y verlo todo en esos tonos. Las gafas, un cristal azul, otro rojo. (¡3D!) Y todo carecía de importancia, porque con un simple papel podíamos cambiar la realidad a nuestro antojo. Era fácil, sólo papel de celofán.

Y cuando queríamos... ¡éramos príncipes, princesas, piratas! ¡Éramos lo que queríamos ser con sólo una frase, una palabra, y a veces ni eso! Éramos la mejor bailarina del mundo, una ecologista, biólogo, alguien importante. Astronautas, viajeros, aventureros con látigo y con sombrero, futbolistas. No merecíamos ni necesitábamos de más para ser lo que realmente quisiéramos.

Y la realidad se transformaba a nuestro antojo.

Hace tiempo que llevo pensándolo... siempre transformamos la realidad a nuestro antojo. La realidad, diferente para tí, para mi, y para él. ¿quién decide qué realidad es? Realmente, es como el papel de celofán: rojo, verde, azul, amarillo. Depende qué quieras ver, depende qué quieras escoger, es lo que verás, es lo que harás. La realidad muta contigo, porque te interesa verla de x manera. ¿Y por qué tu realidad debe ser mejor que la mía? ¿Por qué tu concepción del mundo es mejor que la mía?

Sinceramente, no lo entiendo.

Opiniones, gustos, disparidad. Maravilloso en la mezcla, en todo, cada cual con su idea. A veces coincide, a veces no. "Bueno", "malo". Para mí, ahora mismo, "Rojo", "Amarillo". ¿Qué prefieres? Es lo que verás. ¿Te gusta el rojo? Adelante. Yo te permito escoger el que prefieras, los que prefieras.

¿Entonces por qué demonios me sancionas, me juzgas, me apuntas con el dedo, cuando yo escojo amarillo?

Sinceramente, tengo MI criterio. Y casualmente, no coincide con el tuyo. No coincide con el de nadie ahora mismo. Pero es MI criterio, y es valioso para mi en tanto en cuanto es el mío. No me impongas el tuyo. Tú ves el mundo de rojo, pero el mío es verde, a ratos amarillos, azul de vez en cuando. ¿Qué más da? ¿Realmente qué cojones te importa?

¡Rojo! ¡Azul! ¡Amarillo!

¿Por qué no os vais un poquito a la mierda? =)

Una puerta se abre...

  • Nov. 9th, 2010 at 4:23 PM

Es curioso notar como algo vuelve a funcionar. Maquinarias que creíamos estropeadas, de buenas a primeras, comienzan de nuevo a funcionar, lentamente; las agujas de ese reloj que tantas veces creímos estropeado e inservible vuelven a caminar, lentamente, poco a poco. Casi de modo imperceptible, hasta que alguien, de casualidad, se da cuenta. ¡Anda, pero si funciona!

Ahora mismo siento que yo misma soy ese reloj. una maquinaria que creí estropeada durante muchísimo tiempo, una maquinaria que creí que tendría que cambiar porque ya no servía para nada. Y sin embargo, las manecillas han empezado a caminar, otra vez. Lenta, pero inexorablemente. Una brizna de esperanza. Ahora mismo siento (estoy convencida) de que no importa lo que yo crea, que esta maquinaria siempre volverá a funcionar. No importa cuantas veces se estropee, se rompa, se destroce; no importa si lanzas ese reloj contra la pared y se destruye en mil pedazos, porque siempre, siempre, vuelve a funcionar.

Y algo que yo creí detenido durante mucho tiempo vuelve. Un brillo nuevo, ilusiones. Las piernas me tiemblan con su simple recuerdo. La respiración se me agita, siento que me ahogo. ¿Demasiado rápido? Sí, quizá. Y en parte, por ello, me da miedo. Miedo a que realmente mi máquina no pueda volver a funcionar, miedo a que esta vez sea exactamente igual a todas las anteriores. Pero hay una vocecilla interior que me grita, que se agita, que me empuja con apenas fuerzas. ¡Adelante!, grita. Siempre adelante. 

Quiero hacerle caso. Quiero volver a tener algo por lo que ilusionarme, aunque sólo se quede en eso. Quiero saber que soy capaz de querer a alguien, de esperar; que la esperanza siempre vuelve y el mundo es infinito, que las oportunidades realmente nunca se acaban. Necesito saber que soy capaz de caerme y levantarme cuantas veces haga falta, porque al final todo merecerá la pena. No quiero acabar como tantos otros, agazapada en una esquina y temblando por la tormenta. Quiero salir, mojarme con la lluvia y bailar.

Es curioso... realmente algo sí empieza a funcionar. Exactamente aún no sé lo que es, pero me basta con saber que hay algo moviéndose por ahí. Ya habrá tiempo para centrarse, para averiguar, para llorar, lamentar o reír, quién sabe. Ya habrá tiempo. Por ahora, me basta saber que realmente, algo me está empujando. Algo... aunque no sepa exactamente qué. Y realmente, ¿qué importa? Me basta con lo que sé, aunque sea poco. Me basta conque en mi rostro se dibuje una sonrisa sin quererlo, con mis ojos iluminados por una luz nueva, con el corazón palpitando a cien, esperando saber si esa sombra es la suya. ¿Y qué importa si me vuelvo a topar con una pared? Da igual. Sé que hay más puertas; y si no, no te preocupes, que las sé abrir. Y no dejo de tener miedo, pero las ganas pueden más.

Quiero

  • Aug. 31st, 2010 at 11:41 PM
Quiero a alguien que me quiera. Quiero a alguien que sienta que es capaz de dejar todo por mí, pero que nunca lo haga. Quiero que sienta un hormigueo en el estómago al verme, que se dibuje esa sonrisilla estúpida en sus labios cada vez que piensa en mí. Quiero que le tiemblen las piernas cuando me ve llegar, pero también que su mano sea lo suficientemente firme y suave para hacerme temblar a mí. Quiero ver en su mirada reflejada todas las estrellas del cielo cuando oye mi nombre. Quiero que haga lo imposible para verme feliz, porque mi sonrisa sea lo único que le importa.

Quiero que haya habido otras, pero que se olvide de todas cuando está conmigo. Quiero que me vea la chica más bonita de todas, aunque haya otras más guapas que yo. Quiero que esté conmigo porque me quiere, aunque hayan otras que puedan ofrecerle mucho más que yo. No quiero ser la mejor opción de nadie, quiero ser la única opción.

Quiero que sienta el impulso de tocarme cada vez que estoy con él, que no pueda reprimirse las ganas de besarme. Que sienta que tiene que verme a cada minuto. Que me eche de menos cuando aún no he terminado de irme. Que añore mi presencia a pesar de haber pasado todo el día conmigo. Que me huela el pelo, y que ese olor sea el que le venga a la memoria justo antes de dormir. Quiero que me abrace porque no quiere que me aleje de él. Que pueda estar con él en silencio. Quiero que una mirada lo signifique todo, que una caricia exprese aún más.

Quiero que sepa hacerme reír, pero también que sepa hacerme llorar. Que discuta conmigo, y que sienta que el mundo se le viene encima entonces. Que cuente los segundos que faltan para verme, y que le parezcan demasiados aún cuando sólo sea uno. Quiero alguien que me detenga cuando tenga que marcharme, alguien que me abrace por la espalda y no me deje ir. Quiero alguien que sepa disculparse tragándose su orgullo, y que se sorprenda cuando lo haga. Quiero que piense en mí a cada instante, aunque pueda hacer tantas cosas sin mí que realmente llegue a planteármelo. Quiero que todas las canciones le recuerden a mí, aunque no me lo diga. Quiero que me regale flores, aunque sea un hibisco arrancado del jardín o una simple margarita, que me la ha traído porque pensó que me gustaría.

Quiero a alguien que sueñe conmigo alguna vez. Quiero que se sonroje conmigo, y que me haga ruborizarme. Quiero que sea capaz de decirme las cosas tal cual las piensa, y que hable los problemas conmigo. Quiero que confíe en mí su vida, y que yo pueda confiar la mía a él. Quiero que con él sienta que puedo dar todo a cambio de su amor y no arrepentirme.

Quiero que yo entera tiemble cuando esté a su lado. Quiero poder mirarle a los ojos y robarle un beso, dos, tres, un millón. Quiero poder acurrucarme contra él. Quiero poder ser yo misma sin sentirme incómoda o insegura, porque en su mirada veo cuánto me quiere así, tal cual soy. Quiero alguien que me ame, que ame mis virtudes y mis defectos, mis locuras y mis cambios de humor, y que piense que es la persona más afortunada del mundo sólo por tenerme entre sus brazos.

Aug. 30th, 2010

  • 12:28 AM

Estoy cansada de tener que demostrar todo, de tener que justificar todo lo que siento, todo lo que hago.

-No puedes ser tan buena, el mundo no será bueno contigo. ¿Qué cojones sabrás tú, que te has dado por vencido?
-No deberías quererme tanto, no valgo la pena, no debería importarte tanto. ¿Quién tiene que decidir eso?

No, sé que el mundo no será bueno y amable conmigo porque yo lo sea. Pero ¿saben una cosa? Tampoco lo espero. No espero que sea bueno, que no me ocurran cosas malas, que encuentre al amor de mi vida, que todo sea perfecto. No espero nada de eso, porque sé que no va a ocurrir. Es imposible. Pero no me doy por vencida. Porque yo no soy "buena" porque quiera que los demás lo sean conmigo, sino porque YO quiero ser buena. No soy optimista porque sea ingenua, sino porque soy más feliz creyendo que las cosas pueden ir a mejor que no hundiéndome en la miseria mientras creo que todo lo que me rodea es una mierda.

¿Que yo soy ingenua? No, es que tú te rendiste demasiado pronto.

Cuántas veces no habré oído esas palabras. "Es que te has dado por vencida", "tienes que levantarte", "tienes que seguir adelante". Ahora me doy cuenta de que quienes me decían esas palabras eran los que realmente se habían rendido, los que se niegan a seguir adelante. Los que no aprenden de sus errores, sino que se acobardan ante el temor de volver a cometerlos, de volver a sufrir, de volver a llorar.

Y para ustedes, que no soy más que una niña. Para ustedes, que creen que jamás he llorado. Para todos ustedes, que me creen demasiado ingenua, demasiado soñadora para el mundo en el que estamos.

He llorado por amor. Sé lo que es perder a alguien. Sé lo que es sufrir por alguien que importa y que no recuperarás, y también sé lo que es llorar por alguien que no merecía la pena. Sé lo que es sentirse completamente sola a pesar de estar rodeada de gente maravillosa. Yo también me he preguntado por qué nadie podía amarme, por qué él no podía amarme, por qué no podía ser todo maravilloso. Yo también me he preguntado qué había hecho mal. Me he preguntado por qué me duele tanto, me he preguntado por qué me dejé llevar. Me he querido proteger cuando era demasiado tarde y me he protegido cuando nadie quería herirme. He pensado que no valía para nada, que no era útil a nadie. He pensado que el problema era yo, he pensado que no estaba hecha para amar a nadie. Sé lo que es sentirse diferente al resto, sé lo que es que nadie que te rodea parezca comprenderte, sé lo que es creer y tener la certeza de que nada durará para siempre.

La diferencia entre ustedes y yo, es que he aprendido. Aprendido que las personas se marchan, y no se puede hacer nada. Aprendido que las personas que hoy adoras puedes aborrecerlas mañana. Aprendido que los recuerdos son maravillosos, y que el futuro puede ser aún mejor. Aprendido que aunque todo el mundo parezca igual, todos son diferentes. He aprendido que hay gente, mucha más gente de la que piensas, que merece la pena. He aprendido que en la vida hay que luchar, aunque no siempre de la misma manera. Y, lo más importante, he aprendido a sacar provecho de todo eso. A sonreír cuando parece que no queda alegría, a ser optimista cuando el futuro se pinta de gris. He aprendido a ver el arcoiris, a bailar bajo la lluvia, a disfrutar del sol cuando hay. He aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas que pueden hacer la vida maravillosa.

Que sea optimista, no es que no sepa nada, sino que prefiero pensar que todo puede mejorar. Que sea alegre, no significa que no sufra, sino que prefiero disfrutar de lo que tengo antes que lamentarme por lo que he perdido. Que sea soñadora, no significa que no conozca la realidad, sino que SÉ que puedo cambiarla.

Sí, soy soñadora, ingenua, a veces estúpida. Creo en los cuentos de hadas, sueño con ser princesa de algún príncipe; ah, me encantan las ranas, y adoro a las brujas malvadas. Sueño despierta cada vez que tengo ocasión, y también me derrumbo por cosas que no tienen sentido. Hago una montaña de un grano de arena, pero es que yo soy bajita. Me ahogo en un vaso de agua, y soy confiada; pero sólo dependo de mí misma. Espero, y desespero también. Lloro cuando puedo, río el resto del tiempo. Me enfado, disfruto, vivo. Sé que las cosas pueden ir peor, pero también que pueden mejorar. La vida me ha enseñado a no cerrar ninguna puerta, puedes llevarte grandes sorpresas. No tengo todo lo que deseo, pero sí tengo todo lo que necesito. Soy ambiciosa, pero sé conformarme. Y, lo más importante de todo, soy feliz.

Aunque te cueste creerlo.

Profile

[info]istishia
istishia

Latest Month

March 2011
S M T W T F S
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031